Taller 2: Textos Narrativos

Presentación: Objetivo y metodología


Ejercicio de calentamiento: Abecegrama.

Escribir una narración con una secuencia de frases cuyas palabras, en la primera letra, sigan el orden del abecedario.

A modo de ejemplo leer el relato:

Los Capicuentos


Reflexión inicial:    

Cómo escribo
Por Ítalo Calvino

Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.
Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo.
Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.
Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.

Texto narrativo, características:

Lectura introductoria de texto descriptivo:
Fragmento de "Cien años de soledad" de Gabriel garcía Márquez

Lectura en voz alta de texto narrativo: 

La mata

Tomás Carrasquilla

Vivía sola, completamente sola, en un cuarto estrecho y sombrío de cabo de barrio. Sus nexos sociales no pasaban de la compra, no siempre cotidiana, de pan y combustible, en algún ventorrillo cercano; del trato con su escasa clientela, y de sus entrevistas con el terrible dueño del tugurio. Este hombre implacable la amenazaba con arrojarla a la calle, cada vez que le faltase un ochavo siquiera del semanal arrendamiento. Y, como pocas veces completaba la suma, vivía pendiente de la amenaza.

Después de ensayar con varios oficios, vino a parar en planchadora de parroquianos pobres; que para ricos no alcanzaban sus habilidades. Faltábale trabajo con frecuencia, y entonces eran los ayunos al traspaso. El hambre, con todo, no pudo lanzarla a la mendicidad.

Era uno de esos seres a quienes la rueda de la vida va empujando al rodadero, sin alcanzar a despeñarlos. Más que vieja, estaba maltrecha, averiada por la miseria y las borrascas juveniles. De aquella hermosura soberana, que vio a sus plantas tantos adoradores, no le quedaba ni un celaje. De sus haberes y preseas de los tiempos prósperos, sólo guardaba el recuerdo doloroso. De aquel naufragio no había salvado más que el cargamento de los desengaños.

Su historia, la de tantas infelices: de cualquier suburbio vino, desde niña, a servir a la ciudad; pronto se abrió al sol de la mañana aquella rosa incomparable, y... lo de siempre. ¡Pobre flor!

Dos hijos tuvo y fueron su tormento. El varón huyó de ella y se fué lejos, no bien se sintió hombrecito. Su hija, un ángel del cielo, la recogió el padre, a los primeros balbuceos, donde nunca supiese de su madre.

Ni un amigo ni una compañera le quedaban en su ocaso, a ella que los tuvo sin cuento en su cenit; ni una palabra de conmiseración a ella que oyera tantas lisonjas. Y, las pocas veces que imploró un socorro, de algún bolsillo en otros tiempos suyo, no obtuvo ni siquiera una respuesta. El desprecio de los unos, el desconocimiento de los otros, caían sobre ella como la piedra mosaica sobre la hebrea infiel. La pobre mariposa, ya ciega, sin esmaltes ni tornasoles, se recogió, en su espanto, para morir entre el polvo abrigado de la gruta.

En su anonadamiento no pensaba en el cielo ni en la tierra; no pensaba en nada que pudiera redimirla. ¡Qué iba a pensar la infeliz! Sólo sentía el hambre de la bestia que ya no puede buscarse el alimento; sólo el frío del ave enferma que no encuentra el nido.

El hambre material... ¡muy horrible, muy espantosa! Pero esta otra del corazón; esta necesidad de un ser a quién amar, con quién compartir la negra existencia; esta soledad de la vejez, no podía, no era capaz de arrostrarla.

Consiguió un gato, un gato muy hermoso. Pero los gatos, lo mismo que el amigo, huyen de las casas donde el hogar no arde. Dos veces tuvo loro, y uno y otro murieron de inanición. Su desgracia les alcanza hasta a los pobres animales. Si ella consiguiera una compañera que no comiese... pero, ¿cuándo?

Un día, al pasar por la calleja un carro con enseres de una familia en mudanza, cayó junto a su puerta un tiesto con una planta. Como se hiciera trizas, lo dejaron allí abandonado. Tomó ella la raíz, sembróla en un cacharro desfondado y lo puso en un rincón, junto a la entrada.

Antes de un año era una planta que llamaba la atención de los transeúntes. Regarla, quitarle las hojas secas, ponerle abono, era su dicha; una dicha muy grande y muy extraña. Tan extraña, que siempre recordaba a su hijita, las pocas veces que pudo peinarla y componerla. Le propusieron comprársela a muy buen precio. ¿Vender ella su mata? ¡Si le parecía que era persona como ella; que era algo suyo; que la acompañaba; que sabía lo que pensaba! su cuchitril no se le hacía ya tan triste ni tan feo. Y la pobre, autosugestionada por esta idea, ya ponía algún esmero en el aseo y arreglo del cuartucho.

La planta iba creciendo a la sombra, como si Dios la bendijese. Y Dios la bendecía, porque consolaba a un alma triste. Una día llegó un brazo hasta el dintel, otro levantó un renuevo, otro se curvó en arco. Su dueña entonces, clavó dos varas, amarró el tallo, y la guirnalda de brillante follaje y de campánulas purpúreas se fue extendiendo, pomposa y exuberante, hasta formar un dombo. Las gentes se paraban a contemplar tanta gentileza y galanura. La pobre mujer, menos cohibida, mandaba entrar a los curiosos para que viesen todo aquello. Hasta una señora muy lujosa entró un día.

Su mata la iba volviendo al trato con las gentes; le iba dando nombre. Ya no se sentía tan despreciada ni tan abatida. Como ya podían verla los extraños, no era tan descuidada en su vestido, y sacudía las paredes y aderezaba sus pobres trebejos con el primor que en la miseria quepa. Día por día iba aumentando el aseo. Tanta limpieza le atrajo más clientela y se hizo célebre en el barrio. El cuarto de María Engracia se citaba como una tacita de plata.

Una mañana entraron dos señoras a contemplar la mata. Admiradas del aspecto de aquella vivienda mísera, que la pulcritud hacía agradable, se deshicieron en elogios. Esa noche hizo lo que no hiciera desde sus tiempos de servicio: rezó a la Virgen el rosario entero. Otro día sacó de un baúl, donde se apolillaba en el olvido, un cuadrito de la Dolorosa. Colgólo sobre su cabecera y le puso un ramo, el primero que cogía de la mata. Un domingo fue a misa de alba.

Aquel espíritu, que parecía muerto, resucitaba. Tal lo entendía ella. Todo era un milagro, un milagro que le hacía nuestro Padre Jesús de Monserrate, por medio de la mata. Sí: El era. Recordó, entonces, que un domingo, en sus tiempos tormentosos, al bajar del cerro con otras compañeras, le había dejado una tarjeta, en la última estación. Recordaba todo, punto por punto; su amiga Ana, que era muy instruida y muy tremenda, tomo un lápiz y puso al pie del nombre de este modo: "Acuérdate de mí, que soy una triste pecadora". Y todo esto, que tenía olvidado por completo, ¿por qué lo recordaba ahora, como si lo estuviese presenciando? Pues, por milagro...

Al sábado siguiente se postraba ante un confesor. No fué poco el pasmo de los vecinos cuando la vieron arrodillada en el comulgatorio para recibir la Santa Forma. De ahí adelante llevó vida piadosa interior y exteriormente. La mata, más lozana y florida cada día, llegó a ser para ella un ser sobrenatural, enviado por Jesús de Monserrate para su enmienda y tutela.

Entre tanto se iba sintiendo muy enferma y quebrantada. Le daban palpitaciones con frecuencia; con frecuencia se le iba el mundo, y más de un vértigo la desvaneció en la iglesia. Presentía su fin muy próximo, pero sin pena: antes bien con una dulce serenidad. ¡Si ella pudiera trasplantar su mata sobre su sepultura!

Un día llegó furioso el dueño del cuartucho. Sólo a una malvada como ella se le ocurría poner ese matorral, para tumbar el cuarto con la humedad. Si no sacaba al punto aquella ociosidad la echaba a la calle con todo y sus corotos.

Ella se pone a llorar, sin que piense ni en tocar la mata. Por la tarde torna el hombre y arremete a bastonazos contra cacharro, flores y follaje. Tira todo a la calle y hace sacar los muebles enseguida. María Engracia se desploma, presa de un síncope. De allí la llevan para el hospital. En sus delirios ve su mata frente a su cama, como el arco de triunfo para entrar al paraíso. Y al amanecer de un domingo, cae para siempre en la red infinita de la Misericordia.

Actividad 1:
Pedir a los participantes que a partir de una letra, elegida al azar, escriban cuatro palabras que inicien con esa letra y que estén relacionadas con los atributos de Personajes (describirlo por oficio o profesión, no por nombre propio), Lugar (que sea genérico y no el nombre propio), Objeto y Propósito o motivo : 


A partir de las palabras usadas en el anterior ejercicio, asignar al azar, a cada participante, cuatro elementos PLOP para que improvise una narración oral en 2 minutos, con 30 segundos de preparación. 

Actividad 2:
Pedir a los participantes que a partir de la narración improvisada la redacten y ajusten hasta obtener un relato redondo. Leerlo en la siguiente sesión y repasar los elementos PLOP con especial atención en el Propósito.

Actividad 3:
Proponer la lectura individual de dos opciones de texto modelo ("Espuma y nada más" de Hernando Téllez y "La bromita" de Antón Chejov) y pedirles que elaboren una sinopsis con los elementos esenciales del relato asignado.
Acto seguido, se procederá a hacer lectura en voz alta de dichos textos y se les pedirá que variaciones o precisiones pudieron hacer en la relectura. Sugerir ajustes y correcciones al texto escrito a partir del análisis en la socialización.

Actividad 4:
A partir de una variedad de cuadros con personajes, paisajes y cosas, asignadas de forma aleatoria a cada participantes, pedirles escribir una narración redonda. Pedir que se comparta el escrito a la vista de todos y que sea leído por el autor. Después pedir que explique cómo fue su proceso creativo. 
Abrir el espacio de análisis de los diferentes textos haciendo referencia a situaciones particulares de los textos producidos y en especial a aspectos como la estructura, la coherencia y la cohesión. Hacer ilustración de los conceptos observados con los textos modelos trabajados previamente.

A modo de reflexión, lectura: "Cómo nace un texto"  Borges

Actividad 5: 
A modo de introducción a la propuesta de producción textual se platea una especie de juego a lo "cadaver exquisito" verbal. El orientador comienza a relatar una historia imaginativa sobre un extraterrestre que llega a la tierra y debe resolver la manera de regresar a casa. El relato lo suspende el narrador al minuto para que lo continúe otro participante del juego, pidiendo respetar la información dada por su precedente y así hasta que el mismo orientador cierre la historia para introducir la actividad siguiente.

Producción textualEscribir una carta a un extraterrestre a modo de relato, contándole la experiencia en la tierra sobre el coronavirus.

Recomendación: Hacer uso del diccionario (definiciones y sinónimos)
Planear primer borrador.
Decantar, tachar, borrar, reescribir...
Revisar aspectos de estructura, coherencia y cohesión.
Leer en voz alta y volver a corregir.

Leer texto definitivo al grupo. 
Análisis (macro y micro) estructural: organización de párrafos y frases a la luz de la coherencia y la cohesión.

Conceptualización sobre aspectos de forma y fondo:
  • Precisiones sobre uso de términos en la expresión oral y la escrita. Taller de selección múltiple. Conjugación de verbos (raíz y terminación).
  • Taller de corrección de texto, (Un punto azul pálido, de Carl Sagan): Uso de tildes y signos de puntuación en párrafos. Orden de párrafos.



Publicación: Evaluación del Consejo Editorial. Solicitud de permiso para publicar en la revista "Selecciones".